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Los abogados hemos sido noticia en agosto ligados al cuestionamiento del Derecho de Defensa, precisamente uno de los pilares fundamentales del Estado de Derecho. Curiosamente también en este mes, inhábil para muchas instancias judiciales salvo para los abogados que integran el Turno de Oficio que trabajan por y para los ciudadanos y la Justicia Gratuita 24 horas al día los 365 días al año, nos vemos ahora aludidos en la gran pantalla.

Sin ninguna gracia, en una de las películas más taquilleras del año recién estrenada, Tadeo Jones 2, se hace de menos a los compañeros del Turno de Oficio al deducir que detrás de un mal resultado hay un abogado de oficio. No es la única alusión reciente. En alguna “canción del verano”, de éste, también se les denosta injustamente.

Y yo digo basta!!

Quiero alzar mi voz contra afirmaciones tan desafortunadas como las de Tadeo Jones, siendo un abogado del Turno de Oficio más y presumir de lo que eso supone.

He decidido volver a inscribirme voluntariamente en él junto a los más de 5.500 abogados que lo integran en el Colegio de Abogados de Madrid, y del que ya formé parte durante 4 años en las materias Civil y Penal, en la capital y en municipios del Sur de la Comunidad. Reivindico con este gesto la importancia capital de la abogacía de oficio y recupero al mismo tiempo, en este momento vital, las sensaciones vividas.

De esta experiencia recuerdo, por un lado, a los cientos de compañeros entregados al máximo a sus clientes para obtener el mejor de los resultados posible, sin importar las horas dedicadas ni, por supuesto, los honorarios, siempre reducidos, siempre mínimos.

Y recuerdo mejor a los clientes. A la mayoría. Su mirada era la de quien entrega toda su suerte al conocimiento, experiencia y saber hacer del abogado que le ha sido asignado. El cliente del Turno de Oficio, al menos, en mi experiencia, sabe que ya puede descansar en alguien su caso.

La relación abogado-cliente es por esencia especial; es una relación de confianza de grandísimo calado si tenemos en cuenta que el cliente entrega el devenir de su asunto al abogado turnado.

Esta reflexión sobre abogado-cliente me lleva a otra película con el Derecho de Defensa como fondo de la trama.

En “El Puente de los Espías”, el actor Tom Hanks encarna a un abogado de reconocido prestigio al que “le toca” defender los intereses de un presunto espía ruso en los años 50, en plena guerra fría. Sus vecinos, los extraños, su mujer, el presidente de su despacho, incluso el juez que conoce la causa, le invitan a hacer una suerte de paripé negando la presunción de inocencia y, lo que es más importante, el derecho de defensa del detenido.

En esa película me llamó especialmente la atención el momento en que un funcionario de la CIA, en una reunión forzosa, le pide al letrado que revele todo lo que su cliente le haya comentado, vulnerando el secreto profesional abogado-cliente.

El funcionario, estadounidense de origen alemán, le conmina a olvidarse de las reglas toda vez que el espía ruso no tiene derechos. El letrado, estadounidense de origen irlandés, le recuerda que son las reglas, especialmente la Constitución aprobada por todos los estadounidenses, la que permite que ellos dos puedan vivir en libertad en un Estado de Derecho.

La película no creo que merezca mayor comentario ni gloria cinematográfica, ni creo que Tom Hanks mereciese un Oscar por su interpretación, pero de nuevo nos lleva a la idea de que los abogados debemos alzar la voz defendiendo a aquellos compañeros que con su valentía y tesón decidieron luchar por una sociedad más justa, más igualitaria buscando la plenitud de derechos de todos los ciudadanos.

Los abogados hemos sido, somos y seremos quienes, con las armas que el Estado de Derecho nos da en cada momento, luchamos, en nombre de nuestros clientes o en nombre propio, por cambiar, mejorar, impulsar o derogar aquellas normas, leyes, comportamientos, acciones u omisiones que resultaban injustas, anticonstitucionales o limitativa de derechos.

Detrás de muchos de los avances para intentar llegar al Estado del Bienestar está la pluma de un abogado, muchas veces de un abogado de oficio que, al igual que Tom Hanks, decidió en su día no ir a favor de corriente, sino luchar por los intereses de su cliente sin más bandera que defender esos intereses hasta el final por considerarlo justo.

Los guionistas de Tadeo Jones nunca han sido defendidos por un abogado del Turno de Oficio. En otro caso, no habría tenido semejante injusta ocurrencia. Los abogados del Turno de Oficio lo son voluntariamente y desempeñan una función social esencial en nuestro Estado de Derecho: ofrecer con garantías la Justicia Gratuita a aquellos que de otra forma no tendrían garantizado su derecho de defensa.

El cine ha sido siempre y es una mirada a nuestro tiempo y a nuestra sociedad. Los grandes directores, productores y guionistas de todos los tiempos, desde el cine mudo a nuestros días, nos han enseñado que no solo es entretenimiento, sino una potente herramienta para la crítica, la protesta o la simple constatación de una realidad.

En ninguna de estas categorías se inscribe la descalificación de la película Tadeo Jones 2 hacia la abogacía de oficio. Se trata de un mero recurso del guión, seguramente no malintencionado, pero que traslada a nuestros hijos una imagen sin fundamento alguno de una función social imprescindible hoy más que nunca. Y por ello, merece el más firme reproche.

 

Fuente: Confilegal https://confilegal.com/20170904-tadeo-jones-no-conoce-el-turno-de-oficio/

-Artículo de Javier Íscar en Cinco Días

No podemos permitir, seamos abogados o no, que una sociedad civilizada ponga en tela de juicio el derecho de defensa de cualquier investigado o imputado, se trate de quien se trate, un delincuente menor, un terrorista, un violador...

 

Debemos alzar la voz contra aquellos que, justificándose en actos delictivos a todas luces deleznables, en actos terroristas crueles y execrables, manifiesten su repulsa, crítica u objeción contra abogados que han defendido, con éxito o no, a justiciables de los que consten pruebas sobradas de ser terroristas, violadores, asesinos o autores de los delitos más incalificables.

 

Es inadmisible que arropado en el legítimo dolor que causan delitos tan infames se menoscabe el más esencial de los pilares del Estado de Derecho que no es otro que el derecho a la defensa, consagrado como fundamental en los artículos 17.3 y 24.2 de la Constitución española. En estos preceptos se establece el derecho a ser asistido por abogado como derecho de defensa que no es, en sentido estricto, un derecho subjetivo renunciable.

El derecho a la defensa debe ser considerado como derecho sagrado, toda vez que en él descansan nada más y nada menos que el resto de los valores que hacen que podamos vivir en libertad y donde los principios fundamentales de la profesión de Abogado, como la independencia, la libertad, la dignidad y la integridad, garantizarán que podamos sentirnos orgullosos de convivir libres en un Estado de Derecho.

No en vano está sustentado por el Convenio de Roma de 4 de noviembre de 1950, para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales. En su artículo 6.3, el derecho de defensa comprende no sólo la asistencia de letrado libremente elegido o nombrado de oficio, sino también el derecho a defenderse personalmente en la medida que lo regulen las leyes procesales.

Y también por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de Nueva York(artículo 14.3) que establece el derecho a obtener las facilidades necesarias para la preparación de la defensa.

Pero por encima de leyes, normas, resoluciones y sentencias, estamos ante un principio que consagrado en un Estado se convierte en faro, en bastión; es un pilar que nos dice dónde y cómo convivimos en libertad.

Suscribo plenamente el comunicado emitido por el Consejo General de la Abogacía Española en el que afirma que "Sin derecho de defensa no hay justicia y sin justicia no puede haber Estado de Derecho".

Desde la responsabilidad que tiene cada uno, los medios de comunicación deberían ser los primeros en entenderlo porque también la libertad de expresión se sustenta en el Estado de Derecho. Y un político o su partido deberían de abstenerse de hacer una reflexión semejante cuestionando la labor profesional de un abogado. Es como afirmar que un partido político es cooperador necesario de un delito por no evitarlo. Un disparate que no se sostiene ni se justifica por tratarse de un terrorista, un violador o un acto machista. Que el peso de la Ley caiga sobre ellos siempre que se proteja la presunción de inocencia y el Derecho de Defensa.

No obstante, si para algo sirve todo este debate, a priori estéril, es para evidenciar que es el momento de tener una Ley Orgánica del Derecho de Defensa que lo garantice junto a otros derechos fundamentales conexos como la confidencialidad de las conversaciones entre abogado y cliente.

Así lo determina el Tribunal Europeo de Derecho Humanos al señalar que el derecho de un acusado a comunicarse confidencialmente con su abogado forma parte de los requisitos básicos para un juicio justo.

Javier Íscar. Abogado y diputado de la Junta de Gobierno del Colegio de Abogados de Madrid

FUENTE: https://cincodias.elpais.com/cincodias/2017/09/07/legal/1504767072_997234.html

 

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